
Los tiempos anfibios pasaron,
se fueron junto
con la marea roja
y viejos muertos vivientes
que han quedado sumegidos
en bitácoras perdidas.
Y ahora, en esta era
tan terrestre
de raices arraigadas
y bosques de frambuesa,
de sábanas perdidas
y velas extinguidas,
esa flor embelezante
y sincera
con sus estambres
me hace volar
por bosques de sueños
y noches despiertas,
recorriendo manantiales
de manos escurridizas,
expandiendo la médula
y dandome alas
para mostrarme
que al final era verdad
que todo era posible.