
Luego de un día caluroso y arduo de trabajo, me dispuse a volver a mi casa. Crucé toda la ciudad como acostumbraba a hacerlo en verano, en un taxi con aire, porque la temperatura con esa humedad se tornaban insoportables.
Antes de llegar hice una parada por la bodega de la vuelta y me compré un buen vino para poder disfrutarlo por la noche.
Una vez que llegué a casa dejé todas las cosas en el office y me di una refrescante ducha, una vez relajado y fresco me dispuse a tomarme el rato de relajación que estuve esperando todo el día.
Después de todos los preparativos, el ponerme cómodo, elegir una copa de las de mi colección y servirme el mismo vino que me acababa de comprar, me recosté suavemente y me disponía a saborearlo.
Así fue como me senté en mi sillón preferido, disfrutandolo mientras saboreaba un buen vino, degustandolo, tal como lo hacia todas las tardes.
Y ahí pasó algo raro. Primero no logre degustarlo con el olfato y pensé, quizás me estoy resfriando con estos cambios bruscos de temperatura que venían afectando a la ciudad. Pero tampoco pude distinguir su sabor con el paladar, sabia, no se como explicarlo, como a nada, aire, ni podía sentir su presencia en mi boca.
Cuando seguía echandole la culpa al mal tiempo mi vista se nubló y tampoco podía percibir su color. Ya estaba entrando en pánico, y ya no me sentía cómodo, y sin quererlo dejé caer la copa, la cual estalló bruscamente contra el piso de parquet que había hecho colocar hacia unos meses, pero no pude escuchar su explosión.
De pronto estaba perdiendo uno a uno mi sentidos, ya para ese entonces no podía diferencia entre la textura de cuero de mi sillón y la tela de mi camisa.
Fue así entonces como me convertía en una persona sin sentidos, en no poder sentir, fue así como no pude saborear y disfrutar ese buen vino sin haber llegado a conocer profundamente sus mas escondidos sabores, sus variadas texturas, sus aromas ni los mas imperceptibles brillos de su color.
Entonces ahí desperté, agitado y algo tenso, era todo un sueño, nada por que preocuparse. Lentamente me levante y fui al baño a lavarme la cara, y mientras me miraba al espejo, fijo a los ojos, vi en el reflejo la cama vacía y recordé que ya no volverías.