
Sigo sin dominar
estas habitaciones fétidas,
asfixiantes espacios
de memoria putrefacta,
abortos de buenas intenciones
que se entierrna
bajo una pila de palabras perdidas.
Esta cercanía ambigua
que cargo cual equipaje,
solo arrastra
cerdos carroñeros
insensibles a lo ajeno
dejando en cenizas humeantes
todo intento de alejarse.